Iniciación al sadomasoquismo

Guía para realizar una sesión de BDSM placentera y sana sin daños
 
¿Perversión o fantasía sexual que puede llegar a salvar las relaciones de pareja?
 
 
El caso es que mucha gente practica cada vez más el sadomasoquismo.
 
Como es bien sabido, el sadomasoquismo es un juego erótico que se practica entre alguien que siente excitación humillando y maltratando, y otra a la que le gusta ser vejado. Bajo ese término se engloba una amplia variedad de prácticas que va desde el bondage –atar a la otra persona–, a las fustas, la lluvia dorada, etc.
 
Puede ser más o menos extremo, en función de los gustos de los participantes. Muchas personas se excitan con un ‘cachetito’ en el culete durante el acto sexual, y no desean pasar a mayores. Esto tiene algo de sadomasoquista, aunque los practicantes de este tipo de disciplinas denominan vainillas –o ‘vainis’en el diminutivo– a las personas que se quedan en la superficie y realizan prácticas muy lights o sexo convencional.
¿Es una práctica sexual sana? Está claro que hoy por hoy está poco aceptada por la sociedad, y que también es una disciplina que atrae a los más diversos psicópatas, timadores dispuestos a aprovecharse de la otra persona y pirados de diversa índole. Algunos practicantes son extremadamente violentos y tienden a no distinguir la fantasía de la realidad, lo que claramente les califica como sujetos peligrosos.

Prácticas respetuosas

Sin embargo, se puede practicar placenteramente dentro de un orden. Miles de personas lo hacen en todo el mundo, enriqueciéndose como personas y sin perjudicar a nadie.
 
La clave para practicar sanamente el sadomasoquismo reside en tres puntos fundamentales:
  • Practica siempre el sadomasoquismo, tanto si eres am@ como esclav@ con alguien de la más absoluta confianza. No es aconsejable dejarse atar por el primer tipo al que hemos conocido por internet, y que parece un tío majísimo, pero luego puede ser el primo de Jack el Destripador. No. Mi consejo es que se hable, se hable y después se vuelva a hablar. Hay que conocer muy bien al otro, y conocer sus fantasías, si se quiere llegar a algo satisfactorio para las dos partes, y hay que saber que el otro está jugando, y tiene claro cuándo debe parar, y que nadie debe resultar dañado.
  • Antes de iniciar una sesión, se deben pactar los límites. ¿Hasta dónde está dispuesta tu pareja a llegar? ¿Le gusta que le aten o no puede soportarlo? ¿Soporta la fusta pero nunca las agujas? Es necesario tener claro los límites y no sobrepasarlos jamás.
  • Negociar también una palabra clave. Si el esclavo pronuncia el vocablo en cuestión, deberá acabarse la sesión. Lógicamente la usará sólo cuando no pueda más, pero es necesario tenerla por si acaso.

Las prácticas más corrientes

Para gustos colores, y cada aficionado al sadomaso tiene sus propias preferencias en cuanto a prácticas se refieren. Éstas son las más comunes:
  1. Spanking: consiste en darle azotes al sumiso en el culete. Es más humillante si se le hacen contar los azotes.
  2. Bondage: atar bien al sumiso es cuestión de práctica y todo un arte que se aprende con el tiempo.
  3. Insultos: si son imaginativos, pueden ser humillantes.
  4. Pinzas: esta es una práctica que requiere mucho cuidado y preparación previa para no hacer daño al sumiso.
  5. Feminización: vestir al sumiso de mujer puede ser díver.
  6. Sodomización masculina: con un arnés, un ama puede hacer maravillas.
  7. Ceras: se le puede echar por todo el cuerpo al sumiso y luego quitarla con la fusta.
En suma, con un poco de cuidado, y sentido común, se puede llegar a tener relaciones de sadomaso realmente satisfactorias. Y recuerda, gran parte de la excitación proviene de la estética, y es que el cuero y el látex pueden llegar a ser muy sugerentes.