Servicio de Habitaciones

Había llegado un día antes de la cita, descansaría, aprovecharía para ver a la familia y al día siguiente después de cumplir con las reuniones programadas por motivo de trabajo se vería con él.
Había pasado un mes y medio desde su último encuentro y estaba impaciente por volver a disfrutar de su compañía.
Pidió la cena al servicio de habitaciones y se pegó una ducha rápida.
Sin tiempo para secarse el pelo, llamaron a la puerta.
Se colocó rápido el albornoz y preguntó quién era.
-Servicio de habitaciones- le contestaron.
Abrió y sin fijarse en el camarero, le pidió que colocara la mesita con la cena junto a la entrada, al mismo tiempo que se daba la vuelta para terminar de secarse.
En un segundo sintió como la agarraban de la cintura y una mano le tapaba la boca. Notó como un cuerpo se pegaba a ella y alguien le susurró al oído que no gritara, mientras lamía su oreja con la lengua.
Se quedó quieta asustada, notaba la erección del asaltante sobre su culo, estaba restregando su miembro sobre ella, y con la mano libre le sobaba los pechos sobre la tela del albornoz.
Si dejar que se diera la vuelta, la llevó hasta la cama y la tumbó boca abajo. Le sacó los brazos por las mangas del albornoz y le puso unas esposas, sin tiempo a más, le tapó los ojos con un pañuelo.
A pesar del susto, se había excitado, la lengua cálida sobre su oreja y sus manos sobre sus pechos, la fricción del miembro sobre su culo, estaba a su disposición, con las manos atadas y tumbada sobre la cama.
Le quitó el albornoz y se quedó desnuda sin ver nada.
De repente sintió como le mordisqueaban el cuello, luego los hombros, notaba su cuerpo apoyado el suyo mientras su lengua bajaba por su columna.
Cuando llegó a su culo y comenzó a estrujarlo con las manos mientras lo besaba sin pausa, estaba a punto de correrse. Con la punta de la lengua estaba jugueteando por toda la zona donde se dividen los glúteos, sintió un escalofrío, pasó por encima de su ano y comenzó a lamer la parte interior de sus muslos, cuando llegó a las rodillas le dobló las piernas y subió por las pantorrillas, la lengua no paraba, la estaba volviendo loca, luego metió en la boca el dedo gordo del pie y comenzó a chupárselo como si fuera un caramelo, a la vez que empezó a masturbarla con la mano. Mientras hundía los dedos en su sexo, seguía lamiendo sus pies, esa sensación doble de placer la llevó a un orgasmo, reprimió un grito, pero él notó su placer y dejó de lamerle los pies.
Le dio la vuelta, ella sentía su presencia. Le extendió las manos sujetas con las esposas por encima de la cabeza y le acomodó la almohada bajo su cuello.
De repente el introdujo sus dedos en su boca, habían estado momentos antes en su sexo y sabían a eso, a sexo. Ella los lamió con fruición, cada vez estaba más excitada.
Notó que él se ponía a horcajadas sobre ella, pero sin aplastarla, sintió su pene sobre sus pechos, se estaba masturbando en el canalillo mientras oprimía sus tetas alrededor.
Después de un rato, se dedicó a golpear sus pezones con la punta de su miembro y luego notó como se retiraba. Estaba exhausta, a punto de volver a correrse, notaba los latidos de su corazón golpeándole el pecho, y de repente la penetró, no se lo esperaba, pero quería más y más. Le subió las piernas y las apoyó en sus hombros mientras empezó a empujar dentro de ella, lento al principio, más rápido después, no tardó ni un minuto en volverse a correr, mientras él seguía penetrándola sin descanso. No pudo más y gritó, el placer la inundó, su cuerpo temblaba.
De repente salió de ella y notó como le introducía la verga en la boca, estaba dura y caliente y muy jugosa, notaba las venas por su tronco, intentó juguetear con la lengua y con los labios, pero apenas pudo, él la sacaba e introducía a intervalos, se la chupó como pudo hasta que notó por sus gemidos que él estaba a punto de terminar, esperó y en un segundo notó como el semen llenaba su boca, estaba caliente y salado, en cuanto sacó el miembro de su boca, lo tragó y se quedó quieta sin atreverse a moverse.
No sabía dónde estaba él, seguía atada y con los ojos vendados. Se relamió los labios ya secos, y su respiración se calmó. Empezó a respirar relajadamente, él volvió y noto como le quitaba las esposas al mismo tiempo que le daba un beso metiéndole la lengua por toda la boca. En ese momento le llegó su olor y se dio cuenta, se quitó la venda y lo vio.
Se había adelantado unas horas.